Traigo un poema que escribí hace mucho, sin embargo es de esos que, vaya usted a saber por qué, le coges cariño y te resistes a concluirlo, pero te das cuenta de que cuanto más lo intentas alargar, más lo jodes, así que recientemente decidí que se quedaba como estaba. Como soy contrario a la opinión de asociar poesía exclusivamente a lo trascendental, lo profundo, etc, opté por un tono irreverente y un estilo desenfadado. Aún no tiene nombre (creo que voy por el cuarto poema sin nombre >_<).
Poema sin título
Igual
que para un beso te escribo una canción,
te
escribo en un post-it “Tonto
el que lo lea”,
me
cansé de echar piedras al tejado del amor,
me
zafé de altos vuelos y me casé con la fea.
Que
la nena es experta en llamar la atención,
como
buena mujer que es, mi niña jalea.
Ya
lo dijo Harrison: “Aquí
llega el sol”
y
yo nunca hago ascos a una buena pelea:
Que
el ring de batalla sea siempre un colchón,
la
banda sonora jadeos y apneas,
quemar
telarañas en cada rincón
y
no dejar nunca subir la marea.
Velitas
y vino, langosta para cenar
y
bajo la mesa jueguecitos de manos,
besos,
mordiscos, brindar con champán
y
antes de las doce te he salido rano.
Para
que no te vayas me pongo a cantar,
y
no canto bien, pero hablo bien cuando canto,
y
ahora compitamos para demostrar
que
en asuntos de amor, ninguno es un santo.
Menos
onanismo y más vida social,
que
los dictadores sean derrotados,
que
tenga buen ojo, más que el huracán,
que
todos los coitos sean acabados.
Tú
diste una orden, yo la espalda al mar,
y
para hacer tiempo liberé a los esclavos,
tu
cuerpo serrano, que no falte el pan
y
dame a probar que compartir es de hermanos.